Nuestra Bandera:

por Sara Rosenberg A veces, conversando con amigos y amigas supervivientes de los años oscuros del terrorismo de estado en América del Sur, nos preguntábamos cómo es posible o cómo fue posible que alguna gente se virara y se sumara a los postulados de los verdugos. Una historia que se repite, que sucedió después de la segunda guerra y que está muy bien documentada en el libro “La CIA y la guerra fría cultural”, de Frances Stonor Saunders. La pregunta es ¿Se viraron realmente o siempre fueron “intelectuales” –agentes- de la clase dominante? Es casi banal decir que hay quienes mueren con la mirada limpia y amplia como el Che y tantos otros, y hay quienes mueren sin ver ni querer ver, porque antes dejaron de ser humanos, se vendieron, se quebraron, se perdieron a sí mismos. Y se perdieron “por un puñado de dólares”, renegando de lo esencial del ser humano que es su capacidad de amar y de pensar, sentir e imaginar un mundo nuevo. A estos resulta difícil comprenderlos y hasta se queda corto explicarlo por el poderoso caballero don dinero. Han envilecido, pervertido todo en ellos: algunos la palabra, otros sus posiciones, sus poses. Son los del chiste de Groucho Marx, cuando decía: “mire, tengo estos principios, pero si no le gustan, tengo estos otros”.En este momento de decadencia de Occidente, de barbarie programada y de una violencia bestial contra todo aquello que no acepte el sistema “democrático” capitalista, vemos como aparecen los Caín, los “bien pagaos” diría Miguel de Molina, para hacer insustanciales discursos contra su propio pueblo y para pedir sin ninguna vergüenza el crimen: piden la intervención militar de Estados Unidos y Europa para su propia tierra, en nombre -claro está- de la “democracia”. Ha pasado en Cuba en julio, y han premiado a uno de estos caines con un lugarcito en un programa de cocina de las celebritis en la televisión española, en un país en el que según los datos de la prensa oficial, más de un millón y medio de personas están en las “colas del hambre”, que es el modo light de nombrar a los despojados por el maravilloso sistema capitalista que promueven los cainitas mientras siguen recibiendo dinero y haciendo negocios, intentando roer el tronco de una revolución socialista que ha demostrado sobradamente lo que significa el antiimperialismo y la solidaridad internacionalista. Ha pasado antes en Venezuela, con…

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