Desde hace un par de semanas, los medios de comunicación reportan que en Europa se está viviendo una “segunda ola” de la pandemia de Covid-19 y que los gobiernos europeos están tomando medidas para “enfrentarla”.

En Francia, el presidente Macrón anunció un toque de queda nocturno en París y otras ocho ciudades francesas, así como el restablecimiento del estado de emergencia sanitaria (14 de octubre). En España, también se estableció un toque de queda nocturno y un nuevo estado de alarma que se podría extender hasta mayo del próximo año; además las Comunidades Autonómicas han establecido “cierres perimetrales” que impiden viajar de una comunidad a otra (25 octubre). En Alemania, la canciller Angela Merkel acordó con los estados federados, el cierre de bares, restaurantes, cines, así como de eventos culturales y deportivos durante todo el mes de noviembre (28 de octubre). En Inglaterra el primer ministro Boris Johnson decretó un nuevo confinamiento nacional y el cierre de negocios no esenciales durante cuatro semanas (31 de octubre). Ese mismo día el presidente de Portugal António Costa pidió un “confinamiento cívico” para los municipios con alto nivel de contagio, lo que implicaría el confinamiento del 70% de la población de su país, aunque se mantendrían abiertos los restaurantes, cafeterías y comercios. Otros países europeos han tomado medidas semejantes en la última semana: República Checa, Bélgica y Austria.

Las medidas aplicadas en estos países para “enfrentar la segunda ola” coinciden en dos puntos. Por una parte, cancelan las actividades de ocio, deportivas y culturales, además de establecer (en diferentes niveles) estados de emergencia que les permiten a los gobiernos, cancelar derechos democráticos como la libertad de tránsito o de protesta. Por otra parte, en todos estos países hay tres sectores que continuarán abiertos: las escuelas; las fábricas y empresas; y los centros comerciales (por lo tanto, también el transporte público). Es decir, se mantendrán abiertos aquellos sectores que por su propia naturaleza implican mayor probabilidad de contagio de Covid-19, actividades que requieren la concentración y contacto constante de grandes grupos de personas, por varias horas.

Es claro qué en la disyuntiva entre salud y producción, estos los gobiernos europeos han apostado por lo segundo: garantizar la producción capitalista y, por tanto, la ganancia de la burguesía y los monopolios, sacrificando la salud de las y los trabajadores. Las medidas impuestas por todos estos gobiernos buscan facilitar el control social, por ejemplo, los toques de queda nocturnos y el estado de emergencia. Pero, mantienen abiertos los principales focos de contagio, como lo son el transporte público, los centros de trabajo y las escuelas.

Ante esta situación, los Partidos Comunistas de Europa, particularmente los que se agrupan en la Iniciativa de Partidos Comunistas y Obreros, han llamado a la clase obrera y los sectores populares a luchar realmente contra la pandemia. Dentro de estas propuestas se encuentra: el fortalecimiento del sistema público de salud con financiamiento integral; la contratación masiva de médicos y enfermeras permanentes; la intervención estatal y sin indemnización de todo el sistema de salud privado; y la prohibición de forma efectiva de todo despido, de todo desalojo y de todo corte de suministro básicos (agua, electricidad, gas).

Fuente: El Comunista – La segunda ola de la pandemia en Europa.