Un niño que soñó con ser marinero murió esta mañana en la capital. Nació en Puerto Cortés y no le gustaba el mar. La historia de David Romero es la del hondureño que viene del área rural a la ciudad y triunfa en lo alto, pasaron los años y las dificultades y el muchacho decidió ser periodista; estas personas no tienen la comodidad ni la pereza del capitalino vividor, vienen a comerse el mundo y a veces lo hacen y, otras veces, el mundo a ellos. Esta tarde fue sepultado el periodista. Iba acompañado de pueblo y la gente de barrios salió a despedirlo ondeando banderas de Honduras. 

En su ascenso profesional llegó hasta donde la mayoría de comunicadores sólo imagina y quisiera, se codeó con el poder económico y político del país, habló con presidentes y sus opiniones eran escuchadas, dio consejos a empresarios e hizo pública información a favor de la sociedad; su vida fue intensa, sin duda, como la de todo humano fue ceñida por actos buenos y malos, “hay rasgos de virtud en el malvado y hay rasgos de maldad en el virtuoso”, nos advierte el poeta Ramón Ortega.

Se fue de frente contra el golpe de Estado de 2009, cuando muchos de los que hoy por envidia pueden criticar a David, estaban y siguen escondidos en la mediocridad y nunca han arriesgado siquiera el café matutino, sin talento para volar aprendieron a arrastrarse; David, el periodista, mantuvo su postura desafiante frente a la amenaza y la muerte, que al final cumplieron. Imposible no elevar la denuncia que favoreció a los hondureños con la acusación de la estafa del Seguro Social e irse de frente contra Juan Hernández. Quien no haya hablado en esta década no merece llamarse hombre, no merece llamarse mujer, porque cualquiera sale a opinar sobre el panorama de escombros cuando ya ha pasado el huracán.

Esta no es la historia de un mártir o un héroe, es la de un ser humano que como tal sufrió la presión de un ambiente asolado, indiferente y mortal de la actual Honduras, y elevamos la lucha que favorezca los intereses de la mayoría de hondureños y, los invitamos a meditar, lo que pasó con David Romero, debe ser aleccionador para todos los que han agachado la cabeza ante el despotismo y las causas injustas, para los que han contribuido a crear esta noche oscura que hoy pagamos con la vida o sin duda luego la pagarán los hijos.

Esto comenzó cuando los medios de comunicación tradicionales y algunos periodistas abandonaron el compromiso social que define al periodismo, otros jamás lo tuvieron, varios tiraron a la basura el rol de auditoría de la prensa y se acomodaron a los intereses privados y públicos. –Miren, les voy a contar lo que vivimos aquí en Televicentro– nos dijo una fuente. –Es triste y chistoso ver cómo Renato está con el celular a dos manos, y si está hablando del gobierno, lo llaman inmediatamente y se tiene que callar–, un silencio invadió la sala donde hacíamos la entrevista. No era un chiste, era humillante, desvergonzado y cómplice. -La calidad de una sociedad está en proporción a la calidad de sus periodistas y de sus medios de comunicación. En Honduras es obvio, ya no existe el Estado.

Y eso que pasa ahí, pasa en todas las salas de redacción de los medios con influencia social. ¿Cómo lo sabemos?, porque también pasó en EL LIBERTADOR, también existió esa llamada: –Miren, me parece que ustedes no quieren trabajar con nosotros, esas portadas que sacan… no, así no vamos a poder–. –¡No jodan! –dijo la Dirección del periódico, y desde entonces no volvimos a trabajar con el gobierno, no porque sea malo, pues son fondos públicos y es el mayor ingreso de todos los medios de comunicación, pero no así, sometidos, no así con ese silencio esclavo que hace sufrir más al pueblo hondureño, sumado al fomento de la corrupción y censura que aceptan los periodistas. No nacimos para bajarle la cabeza a alguien, menos por dinero, aunque eso implicó casi dos años un salario mensual de mil lempiras para los altos mandos de EL LIBERTADOR, pero también permitió la publicó la publicación de investigaciones de alto impacto en la sociedad y la autoridad para mirar al poder sin bajar los ojos.

¡Claro! Es más cómodo callar, mirar a otro lado cuando a David lo llevaban después de una sentencia que todos sabemos fue injusta, que el juez Echenique denunció por sucia y lo quitaron del caso, meter preso a David por encargo de “arriba”, algo tan monstruoso sólo existe en la robusta estupidez de un gobierno como este, pues el reportero chiquito puede ir a traer sus 15 mil y los tiburones los 200 mil o gozar su hacienda, sus camionetas nuevas y casas en zonas exclusivas o sus decenas de manzanas de tierra cultivadas de café para exportación.

Otros, en medios poco vistos o que nadie ve, se conforman con el “pescadito” (semana santa) o las “pascuas” (diciembre), los de medios grandes pueden emplear a los hijos con buenos contratos, las esposas y las amantes y a quien se le antoje, a cambio, arrodillás la dignidad, te reís del mal chiste y si te queda un ápice de algo bueno, allá a solas, con el whisky en la mano, podés llorar o pelear con tu mujer porque a veces no podés soportar que sos parte de este infierno.

Pero también el empresario que no puede competir, que no sabe de inversiones ni capital humano, que su único cliente es el “Pueblo Hondureño S.A”, que cada año como mosca frente a la fruta, frota sus patas viendo la repartición del presupuesto. Aún no borramos la fotografía del francotirador en la terraza de Burger King y de la gráfica de Isis Obed, aun cae la sangre que borró La Prensa, a cambio de dinero, no dudan en llamar “democracia” una ilegalidad y “presidente” a un asesino con más presunción de delitos que Jack “el Destripador”; fueron 23 víctimas, según la Oficina del Alto Comisionado para los derechos Humanos, sobre los huesos de esos hondureños muertos en protesta se erigió el trono de la reelección.

Esta Honduras horrorosa no me gusta, no la elegí y no aceptan muchísimos, la denuncio que siembra defunción y drogas, a muchos no nos gusta y la muerte es el precio por elevarse sobre la mentira, la porquería moral y el señorito acomodado que llama precaución a la complicidad y prudencia a la cobardía, por ahí andan varios que en público invocan unidad y en privado firman la división y la desigualdad. “Llamamos los hechos por su nombre, al ladrón, ladrón” y entonces recibimos amenazas y recibimos bloqueos económicos, la lucha que emprendió David no es ajena a nuestra labor, lo comprendemos y aún podemos escribirlo.

Los organismos internacionales asumen que en esta hondura todos somos salvajes, como el juego de números en la reducción de la pobreza que quiso hacer el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hasta que el doctor Hugo Noé Pino los avergonzó, o decirnos que el manejo del dinero del Trans-450 fue transparente y también el de la pandemia viral; también sus manos se han manchado con la sangre de compatriotas que nunca podrán verlos en la cárcel, en un juego perverso de endeudamiento y mentiras. Apoyar proyectos fracasados es el negocio, las cuentas se pasan al país, aunque las derroche el manirroto de turno en el gobierno

El cómplice militar que apaga los radares cuando le conviene, para los negocios nocturnos y tiene el descaro de decir: “Yo invito a las personas que sólo critican que se sumen, es el momento de unirnos para luchas contra esta pandemia”, solamente porque unos días antes su jefe salió a decir que ya no aguanta las críticas. ¡Ustedes son la pandemia! Un militar pierde el honor y su razón de existencia cuando levanta el arma y mata a su pueblo. FFAA se suicidó desde que rompió la vida que le dio la Constitución el 28 de junio de 2009, al apoyar la reelección presidencial en 2017 sólo ratificó que está muerta.

Hoy una enorme caravana recorrió Tegucigalpa, despidió al periodista David Romero Ellner, salían las personas a la orilla de las calles desafiando al virus y la orden de confinamiento, levantaban la bandera de Honduras, porque en este país el pueblo es el único que si ama y si cree en la bandera, lloraban sin conocerlo, sin embargo lo sintieron cerca, parte de ellos y están seguros de quién lo mató. Un periodista ha muerto. ¡Hasta siempre David! Nuestra ofrenda, son estas letras.

Fuente:

El Libertador