Durante este triste período de la pandemia de COVID-19 que no deja intacto a ningún país del mundo, cuando los trabajadores del mundo enfrentan la precariedad de la vida y las condiciones laborales, la Federación Sindical Mundial, que reúne a más de 100 millones de trabajadores en 132 países de todo el mundo, conmemora este 7 de junio de 2020, el Día Mundial de la Seguridad Alimentaria.

Frente a las fuerzas imperialistas y sus multinacionales, que imponen e influyen a su manera en las necesidades alimentarias de los pueblos, la seguridad alimentaria requiere la garantía de la calidad de los productos alimenticios que comemos.

  Al ser la primera medicina para los ciudadanos del mundo, es imperativo que la comida esté por encima de las ganancias, como la salud.   En medio de la creciente pobreza que azota al mundo debido a una acumulación desvergonzada de ganancias por parte de los ricos, la seguridad alimentaria debe ser la preocupación de todos por una dieta saludable.

Según la Organización Mundial de la Salud, casi una de cada diez personas en todo el mundo (casi 600 millones de personas) enferman cada año, y 420,000 de ellas mueren por comer alimentos contaminados con bacterias, virus, parásitos o incluso productos químicos.   

  Los alimentos inseguros causan enfermedades, discapacidades y muertes prematuras entre los trabajadores y los estratos populares, y también tienen el efecto de desacelerar el desarrollo en muchas economías de ingresos bajos y medianos.

En vista de las consecuencias nocivas en el campo de los alimentos, las inversiones públicas, particularmente en la agricultura y la cría de animales, son necesarias para evitar una grave crisis alimentaria en la que solo las ganancias correrían el riesgo de dictar su ley a los consumidores sin controlar a los productores, la forma de producir y calidad de los productos.

Es necesaria una redistribución justa de la producción de alimentos al favorecer a las poblaciones más pobres tanto en las zonas urbanas como en las rurales.  El acceso a alimentos saludables debe facilitarse a todos los ciudadanos del mundo.

La pandemia de COVID-19 demostró los límites de las tendencias imperialistas, siempre dispuestas a apropiarse de los resultados del trabajo producido y privatizar todo a toda costa.

Esto reveló que el carácter social de la producción sigue siendo una realidad difícil de sofocar. Por lo tanto, es necesario que los Estados y los gobiernos proporcionen los fondos necesarios para fortalecer todos los sectores públicos esenciales, incluidos la salud y la alimentación, de modo que todas las personas se beneficien no solo de buenos servicios públicos, atención médica completa, gratuita y decente, sino también de una dieta saludable.   Salarios adecuados y buenas condiciones de trabajo sin OGM son importantes para obtener y proporcionar alimentos saludables.

¡La comida es un derecho, no un campo de ganancias para los capitalistas!

Fuente:

Federación Sindical Mundial