Hoy, 1 de mayo de 2020, la humanidad conmemora el Día Internacional del trabajador y la trabajadora en las más complejas circunstancias, enfrentando una profunda crisis sanitaria, social y económica desatada por la pandemia de COVID-19: todo el globo está sufriendo afectaciones con pocos precedentes en la historia, a raíz de la interrupción masiva de la actividad económica causada por la pandemia.

Esto afecta a 3.300 millones de trabajadores(as) del mundo, el 80% de la fuerza laboral del planeta. El 38 % de la fuerza de trabajo mundial, es decir 1.250 millones de trabajadores(as) en todo el mundo, está en alto riesgo de desplazamiento de su fuerza de trabajo, es decir, está entre los sectores más afectados: servicios de alojamiento y de comidas, industrias manufactureras, comercio al por mayor y al por menor, actividades inmobiliarias, administrativas y comerciales.

La OIT asegura que en el segundo trimestre de 2020 el empleo caerá 6,7 %, es decir, que se agregarán 195 millones de personas a las cifras de desempleo. Además, se sabe que 2.000 millones de personas trabajan de manera informal y son las más afectadas por la pandemia por tener menos acceso a protección social.

En ese contexto, vemos que la protección social al trabajo en el mundo es de 45,2%, y solo se han tomado 548 medidas en 108 territorios para mitigar la pérdida de empleos y medios de subsistencia entre febrero y abril. De estas medidas, un 19,3% son subsidios o ayudas sociales especiales, 15,7% son protección contra el desempleo, y solo 9,5% son medidas para acceso a prestación de servicios sanitarios y 9,1% medidas asignación de alimentos.

Como contracara de esta compleja realidad, vemos que el 1% más rico de la población posee más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas y los 22 hombres más ricos del mundo tienen más riqueza que los 326 millones de mujeres mayores de 20 años de África.

Mientras tan solo 4 centavos de cada dólar recaudado se obtienen a través de impuestos sobre la riqueza, porque los súper ricos eluden hasta el 30 % de sus obligaciones fiscales, solo un incremento del 0,5% al impuesto a la riqueza del 1% más rico de la población durante los próximos 10 años, permitiría recaudar fondos suficientes para crear 117 millones de puestos de trabajo en educación, salud, cuidado infantil y asistencia a las personas mayores.

Este es el mundo en que vivimos los trabajadores y las trabajadoras del mundo. Esta es la realidad en la que día a día los y las campesinos(as), los y las obreros(as), los y las técnicos(as) y profesionales ponemos nuestro esfuerzo, nuestras capacidades, nuestra fuerza y creatividad para producir la riqueza, esa riqueza que no se distribuye con justicia y equidad.

Somos nosotros y nosotras los que bregamos en el campo, los que cansamos nuestros brazos y curtimos la piel en las fábricas, los que tensamos el cuerpo y la mente en las oficinas. Somos nosotros y nosotras los que más sabemos de batallas y de luchas. Por eso, en medio de la más compleja realidad, somos nosotros y nosotras quienes estamos poniendo el cuerpo para enfrentar la pandemia.

En Venezuela, además de este cuadro global, se agregan desafíos y dificultades causados por la criminal agresión de Estados Unidos contra nuestro país. El bloqueo financiero y comercial, así como el robo de activos, oro y dinero del pueblo venezolano por parte de Estados Unidos y sus secuaces locales, somete a todo nuestro pueblo a privaciones y limitaciones materiales extremas.  Bajo esas presiones y agresiones enfrentamos sin embargo el desafío de luchar contra la pandemia, el desafío de batallar por la recuperación económica y el desafío de avanzar en la profundización de la revolución política para consolidar la democracia revolucionaria, participativa y protagónica que definimos como pueblo en nuestra constitución.  En Venezuela, nuestra batalla es además por la paz, por la democracia, por la soberanía. Pero venceremos. Seguros estamos de eso.

Somos nosotros y nosotras quienes estamos llamados a desempeñar un rol esencial en la construcción de una sociedad justa y de progreso para todos y todas después de esta tormenta que hoy encaramos.

Por todo esto, el 1 de mayo de este año es especial, es distinto, y vaya nuestro más sincero reconocimiento y felicitaciones a los trabajadores y las trabajadoras del mundo.

Este 1 de mayo de 2020, más que nunca decimos:

¡Resistencia, firmeza y unidad!

Fuente:

CRBZ – Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora