Jair Bolsonaro jamás fue un político brillante ni excepcional. El ex capitán expulsado del ejército, ha estado en el parlamento por más de 30 años y sin embargo jamás logró que se apruebe un proyecto o iniciativa legislativa con su nombre. Pasó de partido en partido y su actividad en debates es ampliamente conocida por su mediocridad. Las fotos del diputado Bolsonaro durmiendo en sesiones parlamentarias abundan.

Jair Bolsonaro fue conocido, básicamente, por 2 cosas:

  1. Los esquemas de corrupción y funcionarios fantasmas. Bolsonaro encontró en la política brasileña una manera fácil de enriquecerse. Sus vínculos con casos de corrupción y contratación de funcionarios fantasma serían prueba suficiente. Sin embargo, para que no quede dudas, sus 3 hijos realizaron las hicieron lo mismo, lo que muestra un esquema de operación. El clan Bolsonaro operó de la misma manera en diversos estratos de gobierno: Flavio, el hijo mayor, como senador; Eduardo, el segundo, como diputado federal y Carlos, como concejal en Rio de Janeiro.
  2. El personaje polémico y pintoresco. No fue conocido por proyectos o ideas, sino por opiniones reaccionarias que van desde la homofobia, el racismo, xenofobia, el anti comunismo y fundamentalismo religioso hasta la apología a regímenes dictatoriales, asesinatos y tortura. Ha declarado públicamente su admiración a Brillante Ustra, el torturador más conocido del régimen militar brasilero. Pero no solo admiraba dictaduras brasileñas. En los noventas el parlamento brasileño se negó a recibir a Alberto Fuimori por considerarlo un tirano sin embargo un diputado sí quiso recibirlo, Jair Bolsonaro.

Sus opiniones radicales (reaccionarias) lo llevaron a noticieros y talkshows. Bolsonaro generaba raiting con su forma agresiva, era el negocio perfecto. Fue construyendo su base electoral entre los sectores más radicales de la derecha: pastores de las mega iglesias evangélicas fundamentalistas, militantes protofascistas, militares con nostalgia de dictadura y grupos para-militares de la policía, ligados al narcotráfico y a la criminalidad en las favelas. En el 2013 un conjunto de factores llevo a que la aprobación del gobierno progresista de Dilma Rousseff implosione. La juventud salió a las calles masivamente. Todo una generación se volcó políticamente a la derecha debido a un sentimiento de extrema desilusión con la izquierda y el Partido de los Trabajadores (PPT). Para esta generación el factor estético y polémico, son determinantes en su cultura política debido a la influencia de las redes sociales. Y encontraron en la retórica de Bolsonaro, la respuesta. Podemos decir que la presidencia de Bolsonaro nació en las protestas del 2013, donde se formó una base electoral. Solo faltaba el apoyo de las oligarquías para gobernar.

En el 2018 Bolsonaro lanzó su candidatura. Era popular pero todavía un outsider. Su retórica fundamentalista le consiguió el apoyo de las mega-iglesias evangélicas y sus fieles. Para lograr el apoyo de la olgarquía usó dos piezas clave. Por un lado, a Paul Guedes, su ministro de economía. Un chicago boy entre chicago boys. Su plan económico es tan radical que Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso parecen gobiernos de centro izquierda. Por otro lado, a Amilton Mourao, su vicepresidente y general de la reserva. Un masón reaccionario pero de temperamento serio. Era la influencia estabilizadora que controlaría los excesos de Bolsonaro. Ganado el apoyo de la oligarquía, Bolsonaro ganó también las elecciones.

Su primer año fue turbulento. Cumplió con las demandas de las iglesias y los sectores proto-fascistas. Impuso una política archiconservadora y de persecución en educación y cultura, acuñando el término “degeneración izquierdista” para referir cualquier cosa que el fundamentalismo religioso y político rechazaran. Le dió el Ministerio de la mujer a la pastora evangélica Damares Álves. Sin embargo, este apoyo no evitó los casos de corrupción que vinculaban a sus hijos ni los escándalos por declaraciones y tweets. A pesar de todo, Bolsonaro se mantuvo en poder por lo siguiente:

  1. La presencia de varios generales y miembros de las fuerzas armadas en su gabinete.
  2. El nombramiento del juez súper estrella Sergio Moro al cargo de ministro de la justicia.
  3. La relajación de la política ambiental y su apoyo al sector latifundista agropecuario.
  4. El paquete draconiano de normas que otorgan libertades a la policía para actuar con violencia.
  5. El paquete de reformas económicas neoliberales de Paulo Guedes.

A mediados del año de 2019, empezaron las brechas y divisiones internas. Bolsonaro empezó su gobierno con mayoría en las dos cámaras y terminó enemistado con ambas debido, fundamentalmente, a la actitud beligerante e irracional de sus hijos. Entramos al 2020 con el gobierno dividido en dos alas:

El ala neoliberal. Compuesta por parte de los militares, la oligarquía financiera y los latifundistas agropecuarios. Quieren aplicar las reformas de Paulo Guedes y militarizar el Estado para reprimir los disturbios que estas generarán.

El ala ideológica olavista o el ala psiquiátrica. Compuesta por el clan Bolsonaro, las iglesias evangélicas, los seguidores dede Olavo de Carvalho (suerte de gurú del clan) y las milicias para-militares en las favelas. Buscan que las milicias armadas vinculadas al narcotráfico y las mega iglesias evangélicas reemplacen al Estado y controlen la sociedad brasilera. Por lo tanto atacan constantemente las instituciones republicanas.

Esta naturaleza anárquica y distópica, sumada al infantil comportamiento de Bolsonaro, le fue restando el apoyo de la oligarquía.

Bolsonaro y el COVID-19

Cuando llegó el COVID-19 el ala psiquiátrica, sostuvo que era una gripe común y que no era peligrosa. Rezaron. Acusaron a China de querer destruir el “occidente cristiano” con un virus. Minimizaron la crisis. Ante la falta de acción del gobierno federal, los gobiernos estaduales y regionales decretaron cuarentenas, pero Bolsonaro amenazó con ilegalizarlas y ordenó a su militancia radical a que desacatar medidas y protestar contra los gobernadores. La reacción fue un pacto de gobernadores, de izquierda y derecha, anti Bolsonaro. La desautorización y ridiculización al ministro de salud fue la gota que rebalsó el vaso para el ala neoliberal.

¿Quién gobierna en Brasil?

A inicios de abril, los militares y el ala neoliberal impusieron al general y ministro de la Casa Civil, Walter Braga Neto como Jefe del Estado Mayor del Palacio Presidencial. Dicho cargo no existía anteriormente y fue creado justo para Braga Neto. Sus funciones son fiscalizar y administrar las acciones tomadas por el presidente y el ejecutivo frente a la crisis, es decir, la última palabra la tiene Braga Neto. Bolsonaro ahora es el presidente dejure y Braga Neto es el presidente defacto. Lo que no es positivo: Braga Neto también es un reaccionario neoliberal, solo que uno funcional a militares, al ala neoliberal y a la oligarquía. Se cae el telón y vemos a la oligarquía y a los militares moviendo los hilos y tomando el control del gobierno. La misma oligarquía latifundista, industrial y financiera que gobierna Brasil y gobernará hasta que el proletariado la derroque.

Fuente:

Partido Comunista del Perú – Patria Roja