Hay hombres que nacen un día, cada cien años. Esos que inundan de sabiduría y buscan el progreso de los hombres y de la sociedad. Hablar de José Carlos Mariátegui es recordar, estudiar y ver el devenir de un futuro que puede y debe ser el de la unidad, esperanza y justicia entre los peruanos. Un genio y portavoz de los trabajadores, campesinos, estudiantes que aspiran a una vida digna.

Mariátegui fue un hombre de su tiempo, comprometido, luchador y revolucionario que tomo partido por los explotados y la clase trabajadora. Desde su formación autodidacta supo defender y llevar a la acción sus ideas de cambio para beneficio del país. Según Henri Barbusse manifiesta; sabéis quien es Mariátegui, pues bien es una nueva luz de América, el prototipo del nuevo hombre Americano.

El intelectual más prolijo, original y fecundo en el desarrollo del socialismo en el Perú y el cerebro más grande del marxismo en América Latina, es José Carlos. Su capacidad para investigar, crear y comprender la realidad peruana fue gracias a su adhesión al materialismo histórico como herramienta para la acción transformadora y la revolución social.

Su obra y legado es mundial, ya que supo sentir y escuchar la efervescencia de una época, de las grandes movilizaciones de masas en Europa. Se nutrió de ello y plasmó el marxismo como pensamiento filosófico para América Latina y el Perú. El socialismo que propuso Mariátegui se basa en nacionalismo, patriotismo y socialismo autóctono y original de nuestros pueblos de acuerdo a nuestra realidad social. No fue un exegeta del pensamiento de Marx, sino un creador que aportó con su interpretación buscar enriquecer el marxismo.

“Se trata efectivamente de la lucha final de una época y una clase. El progreso o el proceso humano se cumple por etapas. Por consiguiente, la humanidad tiene perennemente la necesidad de sentirse próxima a una meta. La meta de hoy no será seguramente la meta de mañana: pero, para la teoría humana en marcha, es la meta final. El mesiánico milenio no vendrá nunca. El hombre llega para partir de nuevo. No puede, sin embargo, prescindir de la creencia de que la nueva jornada definitiva. Ninguna revolución prevé la revolución que vendrá después, aunque en la entraña porte su germen. Para el hombre, como sujeto de la historia, no existe sino su propia y personal realidad. No le interesa la lucha abstractamente sino la lucha concretamente. El proletariado revolucionario, por ende, vive la realidad de una lucha final. La humanidad, en tanto, desde un punto de vista abstracto, vive la ilusión de una lucha final”. Del libro (El Alma Matinal y otras estaciones del hombre de hoy).

Es por ello el gran valor de su obra que debemos seguir y perseverar en las ideas que defendió y luchó para realizarlas. Hoy que vivimos tiempos de crisis y que parece que no hay salida para nuestro infortunio, volvamos a Mariátegui, encontrémonos nuevamente con el Amauta y para los que aún no lo conocen invitarlos a conocerlo, estudiarlo y tomar lo mejor de él para repensar nuestro país y llevarlo al progreso social. Para los seguidores cumplir con su tarea inconclusa, que es realizar el socialismo peruano sin calco ni copia, sino por creación heroica.

El 16 de abril de 1930, hace ya 90 años, el más grande marxista de América Latina, el guía y portavoz de los trabajadores peruanos, el Amauta, maestro y camarada dejaba de pensar y se convertía en el mito del hombre nuevo. Mi abuelo Augusto Mateu Cueva fue Mariáteguista y amigo suyo, yo continuó con ese legado.

Fuente:

Partido Comunista del Perú – Patria Roja