David Harvey, en su libro “Historia del Neoliberalismo” resume la doctrina neoliberal como, “…es, ante todo, una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados libres y libertad de comercio. El papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de éstas prácticas…Por otro lado, en aquellas áreas en las que no existe mercado (como la tierra, el agua, la educación, la atención sanitaria, la seguridad social o la contaminación medioambiental), éste debe ser creado cuando sea necesario mediante la acción estatal…La intervención estatal en los mercados…debe ser mínima porque, …, el Estado no puede en modo alguno obtener la información necesaria para anticiparse a las señales del mercado (los precios) y porque es inevitable que poderosos grupos de interés distorsionen y condicionen estas intervenciones estatales (en particular en los sistemas democráticos) atendiendo a su propio beneficio”.

Los 90 significaron la aplicación de esta concepción a la economía ante el fracaso del modelo Keynesiano aplicado al quinquenio del 85 al 90 del siglo pasado. Los niveles de inflación alcanzaron 36´644,420 % en el periodo 1985-1990, con caídas del -9.4%, -12.3%, -5% del PBI los años del 88 al 90, desempleo generalizado, acentuado por los actos de corrupción y el terrorismo, fueron la justificación, no solo para descalificar y arrinconar a los partidos políticos, sino para aplicar la receta neoliberal en el país.

A 19 años de aplicación del modelo, los resultados no son nada halagadores, el 2017 de 1.9 millones de empresas formales, 99.4% eran micro y pequeñas EE (95% de microempresas), 0.5% grandes EE, 8,966 UE, y junto a estas, las medianas EE que alcanzan apenas al 0.15% del total anotado. Alrededor de esta formalidad empresarial, 1.7 millones realizaban actividad empresarial informal, lógico, dentro de las llamadas microempresas.

El mercado en el interior del país, a nombre de la percepción neoliberal, permitió el soporte de la actividad informal en porcentajes por encima del 90% en Huancavelica y Cajamarca para el año señalado, entre el 80% y 90% en 11 regiones. La centralista Lima y el Callao, a pesar de ser la capital del país, donde presumiblemente se debían articular los mercados expresados en actividades formales, mantienen en su seno el 52% y el 58.6% de informalidad empresarial.

El empleo creado por el mercado, que presumiblemente nos debía conducir al crecimiento con mayor empleo, es aún mas decepcionante, el 70% de la PEA, trabaja en condiciones de informalidad laboral, dentro de la actividad formal e informal empresarial.

Sin embargo, crecimientos económicos prolongados y sostenidos del 2002 al 2019, basadas en la explotación extractiva minera orientada a la exportación, derivados de la expansión industrial China, le dieron el soporte económico, para que la expresión estadística empresarial y de empleo anotada, no derivara en conflictos sociales. Evidente que la presencia del Estado, a través de la Inversión Pública, en un escenario de riqueza proveniente de los impuestos y las regalías mineras, fue importante, de 3,544 millones de soles el 2002; 19,122 millones de soles el 2009, se llegó a invertir 24,675 el 2018; montos que impactaron en la creación de empleo directo e indirecto en el Estado, de los 850 mil empleados la década de los 2000, el Estado actualmente otorga empleo directo a 1.48 millones de la PEA.

¿Y la inversión privada de la gran empresa?, ¿dónde está?, el sector que no solo debía expandir la economía creando puestos de trabajo, sino crear mercados en todo el ámbito del país. De los 18,129 millones de soles el 2002, y 43,422 millones de soles el 2008, paso a invertir 97,059 millones de soles el 2018, un incremento de unas 5 veces más el 2002.

El capital invertido a través de las llamadas señales del mercado, no busca sectores que permitan solidez económica o expansión ordenada de la economía, buscando crear empleo sostenido, busca la ganancia, buscando reducir sus costos con la incorporación de tecnología y el menor uso de fuerza de trabajo, de allí que, la inversión extranjera, encontró en la actividad minera por las condiciones jurídicas otorgadas por el orden neoliberal impuesto, el nicho que le permita la mayor de las utilidades.

La inversión minera y el empleo creado por la inversión directa extranjera, no fue el esperado, el 2006 para una inversión de 1,610 millones de dólares el número de empleos creados fueron de 108,490, 40,632 era empleos directos, 67,858 empleos mediante contratistas; el 2013, donde la inversión alcanzo los 9,924 millones de dólares, el pico más alto anual, de los 183,306 empleos creados, 81,643 fueron directos y 101,663 mediante contratistas, para el 2018, para una inversión anual de 4,947 millones los empleos totales creados fueron de 201,732; 66,566 fueron directos y 135,165 mediante contratistas. Evidente que los empleos creados son temporales mientras dure la explotación minera, y los empleos por intermediación son empleos de corto plazo para determinadas actividades específicas.

Otro sector altamente rentable y donde determinados rubros cobrados a los usuarios permiten grandes utilidades son, el sector comunicaciones que a diciembre del 2019 nos mostraba un saldo de inversiones de 5,324 millones de dólares, segundo en el ranking, después del sector minería, cuyo saldo alcanzaba a los 6,018 millones de dólares, les seguían en orden de importancia, finanzas (dentro de este sector, están las AFP, arquitectura empresarial que permite la estafa de los trabajadores a nombre de su bienestar), energía, industria y comercio, con 4.7; 3.4; 3.2 y 0.8 millones de dólares.

El sector minería, como fuente de riqueza real, es fuente de ingreso de dólares que vienen al país, como liquidez que les permiten a las empresas concesionarias el pago de impuestos y de regalías (si los hay), al Estado, el resto de los sectores con excepción del sector industria, son los que trabajan como intermediarios para que esos dólares a través del consumo, terminen es arcas como utilidades de estas corporaciones. Los consumidores, los llamados demandantes del mercado, somos la fuerza que hace posible el tránsito de los dólares a estas corporaciones a través de la compra de productos importados, productos que tienen más del 95% de presencia en los mercados.

La burguesía nativa peruana, carente de creatividad, del empuje y del carácter pionero de otros países, se acomodó a esta realidad, manteniéndose marginalmente con empresas adscritas a las finanzas y comercio, garantizándole al capital extranjero la estabilidad política a través de su sindicato, la CONFIEP. Para ello no dudo, que empresas vinculadas al área de la construcción o los servicios amarrados a los recursos del Estado, introdujeran como parte de esa garantía la corrupción.

Para poder garantizar la presencia del modelo, no solo era necesario pervertir a la población a nombre del mercado con la presencia de la informalidad, era necesario construir un nuevo ciudadano, que no solo se convirtiera en el consumidor impulsivo, sino que garantizara con su voto, procesos electorales irreflexivos y basados en el marketing. Cambiaron las mallas curriculares en la formación de los colegios, incorporando valores que les permitiera consolidar su concepto de mercado, la libertad, y como expresión política, la democracia electoral, alimentando la actuación política empujada por la angurria de hacerse de los recursos del Estado y servirse de ella, como parte de objetivos humanos que se debían buscar.

En los centros de educación superior, se introdujo la teoría neoliberal en el ámbito de las ciencias sociales, la metafísica debía servir como método que nos permitiera, no solo explicarnos, sino resolver los problemas de corto y largo plazo, utilizando las políticas económicas. En las facultades de Economía, la teoría marginal y la supuesta conciencia del mercado para poder resolver problemas de ¿Qué?, ¿Cómo? y ¿Para Quién Producir?, basados en el egoísmo humano, se convirtieron en la ciencia que las burguesías de países emergentes como el nuestro necesitan. Se restructuró la malla curricular de las facultades, se quitó los cursos de Filosofía y de Economía Política, buscando la vieja escuela escolástica feudal como parte de los resultados académicos, la enseñanza sobre presuntas verdades ya conocidas en base a manuales provenientes de los EE.UU., se impuso, aprovechando los impactos económicos de un Estado supuestamente neutral, pero que en la práctica, era activo creador del empleo y cuya inversión pública era una necesidad para reproducir el modelo.

Los impactos de la crisis inmobiliaria del 2008, fue el primer campanazo del carácter injusto del modelo, sin embargo, el Estado contaba con la presencia de dólares en las cuentas de las llamadas Reservas Internacionales Netas, 70,000 millones de dólares, los que, rompiendo viejos paradigmas neoliberales, y a exigencias de estos, fueron invertidos para poder reactivar la economía, acto, supuestamente keynesiano y vedado por la academia oficial. Los resultados del gobierno aprista del 85 al 90 del siglo pasado, supuestamente de carácter keynesiano, donde la actitud proactiva del Estado exigía, no solo la inversión pública creciente, sino mantener la educación y la salud como responsabilidad pública, nos habían permitido la aplicación del modelo neoliberal, donde, salvo el mercado, todo es ilusión.

La actual crisis de salud ahondada por la pandemia del coronavirus, han venido a desnudar, no solo la realidad económica del país, sino la poca consistencia practica y teórica del neoliberalismo. La práctica, nos lleva a interrogantes como, ¿Dónde están las grandes empresas y el empleo creado por el dogma neoliberal? ¿Por qué ahora se le exige al Estado mayor presencia, si ello va contra los principios neoliberales? ¿si el presupuesto del Estado colapsa, porque así lo dice la realidad, cuál va a ser el papel del mercado?

Actualmente el Estado asumiendo su responsabilidad presupuestal, pero dentro de los parámetros impuesto por el neoliberalismo, viene haciendo un despliegue de recursos económicos para mantener la economía, poniendo en riesgo la estabilidad futura de la economía, buscando como objetivo mantener la ganancia y la utilidad del gran capital. Para esto, no ha dudado en recurrir al crédito externo, que a la fecha supera los 40 mil millones de dólares, que sumados a la deuda externa privada, que tendremos que asumir los peruanos a través del Estado, ha sumado más de 35 mil millones de dólares, que sumados al anterior, debemos la friolera suma de 75 mil millones de dólares, pero para mantenernos felices ante esta expresión estadística de la deuda externa, nos dicen que, aún tenemos mayor cobertura de endeudamiento por lo grande del PBI. PBI, que para el 2020 producto de la crisis sanitaria, vera reducir su grandeza a expresiones mínimas.

30,000 mil millones de soles se han dispuesto para poder reactivar la presencia de las pymes formales, dinero que será facilitado por el BCR, en un programa administrado por COFIDE, orientado a las micro y pequeñas empresas que vengan cumpliendo con sus pagos puntuales a la SUNAT, que no tengan problemas crediticios y para empresas con menos de 10 trabajadores. Buscamos a estos beneficiarios que el Estado estima en 314 mil empresas, de un universo de 350 mil empresas y, la verdad no la encontramos, lo más probable sean en empresas concesionarias de las grandes corporaciones como Entel, Bitel, Movistar, o algunas otras empresas organizadas por las propias corporaciones como parte de sus proveedoras, que para no generar mayores impuestos han venido creando empresas, como por ejemplo las llamadas empresas de recuperación de cuentas incobrables del sistema financiero. Pero lo absurdo es, teniendo una plataforma de otorgamiento de estos créditos lo hará a través del sistema financiero, lógico como no hay lonche gratis, según la terminología neoliberal, esto se hará con puntos sumados a la tasa de interés de los dineros del BCR, o sea cargándole el costo a las Mypes. Y las empresas informales, quien lo asiste, no era mejor orientar estos fondos a estos, que son los que lograron el éxito económico del modelo, fondo que no solo hubiese permitido reconstruir una economía distinta, sino, nos hubiese permitido su formalización.

Se ha dispuesto de 600 millones de soles para asistir la planilla de los trabajadores de las empresas cuyos salarios son menores a los 1500 soles. Quienes, y que empresas cumplen con este requisito, si muchas de las empresas formales, como las de transportes y turismo, mantiene el mínimo de trabajadores en planilla y, lógico, después de lograr esta asistencia, tendrán a la SUNAT y otros organismos, que bajo el argumento de la formalización buscaran que el futuro tributario del país descanse en los hombros de estas Mypes.

A lo anterior, se ha dispuesto la entrega de 200 millones a los municipios, para que estos distribuyan canastas con productos que componen la canasta familiar. Se ha otorgado un subsidio de 380 soles a las poblaciones vulnerables. Pero en ambos casos, donde irán estos fondos como parte de la demanda, evidente, a la compra de productos importados, que mas bien generarán la demanda de dólares, favoreciendo a las grandes inversiones extranjeras vinculadas al comercio, como Plaza Vea, Tootus, etc..

Se ha dejado a su suerte, cuidando la intangibilidad del capital invertido en el sector financiero, a las Mypes deudoras de estas instituciones, en una economía, donde la anarquía del mercado permitió tasas de interés del 35% anual y mas por los créditos, cuando la mediana y la gran empresa, obtenían estos mismos créditos al 6% anual. Para ello, se ha recurrido a los preceptos del libre mercado, cuya solución descansa en la negociación entre el banco y el usuario. A esto, probable que se sumara la deuda de los consumidores, que, vía la tarjeta de consumo, venían pagando tasas de interés superiores al 50% y que, probablemente serán dejados de lado en la reconstrucción de la economía.

El Estado, ese Estado cuestionado por su ineficiencia, arrinconado por su ineptitud que la propia derecha convirtió en su botín, ahora es el llamado para poder reactivar la economía, cuidando a través de la estabilidad económica, la ganancia de las corporaciones. Donde quedan esos principios “científicos” sobre el papel limitado del Estado y el papel “inteligente” del mercado. Evidente, que, con neoliberalismo o keynesianismo, el Estado siempre será importante en las economías capitalistas, no solo como fuente de riqueza económica a través de la construcción del modelo, para la burguesía, sino como fuente de botín y mayor enriquecimiento a través de los recursos del Estado, la historia nos enseña estos hechos.

Tanto el keynesianismo, como el modelo neoliberal, no son sino expresión de un modo de producción basado en la propiedad privada de los medios de producción, la diferencia, es la postura del gobierno en la aplicación de las políticas económicas, las que dependen de las características del país donde se va a aplicar estas. Un país con estructura productiva industrial y con mercados de realización en el resto del mundo, como la norteamericana, exigirá de políticas de regulación o desregulación, dependiendo del sector a intervenirse, las que tienen que ver con la consolidación de determinadas estructuras de mercado donde activa la empresa, monopolio u oligopolio; mas si estas son aplicadas en países emergentes y con mercados de realización de las plusvalías de los países industriales, donde la informalidad es su carácter, exigirá mayores esfuerzos en la construcción de una economía con solidez, donde el proceso de industrialización adscrita a sectores reales como la agropecuaria y minería, permitirá, la acumulación de capitales, buscando en la explotación obrera que dé él se desprenda, una conciencia revolucionaria que nos permita avanzar en el camino hacia el socialismo.

La historia económica del país así nos lo enseña, los 80 del siglo pasado, el Estado a partir del gobierno construyó una economía para una elite empresarial nacional, elite que recibió el nombre de los 12 apóstoles; los 90 no solo, son 12 apóstoles, sino la presencia de dólares a cuenta de la apertura económica, exigió de la economía que la riqueza se transfiera a las manos de los grandes monopolios, en ambos casos, es la propiedad privada sobre los medios de producción su carácter, sus diferencia, la presencia del capital extranjero y la privatización de la educación y salud, matiz que hace diferentes a las dos corrientes.

Debemos estar vigilantes en esta coyuntura de la pandemia del coronavirus; ya que ahora, los neoliberales con Martín Vizcarra, están aprovechando al máximo al Estado peruano como principal proveedor de dinero de los 60,000 millones de soles que irán a parar a las arcas de los afiliados a la CONFIEP, mientras engañan al pueblo endulzándolo con bonos de 380 soles. En tanto la CONFIEP, consecuente con su sentimiento económico voraz y miserable, saca sus garras anti-laborales para iniciar una tomentosa ola de despidos masivos y abusos laborales. Así como el acaparamiento de los artículos de primera necesidad cuyos costos han subido exorbitantemente, teniendo en cuenta la precaria situación de millones de trabajadores informales que peligra más cada día, ya que lo anunciado por Vizcarra no se cumple y reiteramos que el 70% de nuestra economía es informal.

Estamos avisados, contribuyamos en la lucha de ideas, en la lucha programática, social y política del pueblo peruano, por un nuevo modelo económico, generando un nuevo camino para construir una Nueva República, con nueva constitución, con soberanía, descentralización, crecimiento, desarrollo, bienestar, regeneración moral y sanción ejemplar a los corruptos, que priorice la inversión productiva, educación, salud, infraestructura vial, etc. Entonces basta de keynesianismo y neoliberalismo: modelos depredadores que acumulan ganancias al capitalismo salvaje y empobrecen al pueblo.

Capitalismo o Socialismo, sigue siendo el problema de nuestro tiempo, persistir en la lucha por construir una patria libre y soberana sin explotadores, ni explotados.

Cusco, 12 de Abril del 2020.

Fuente:

Partido Comunista del Perú – Patria Roja