“Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, frase que entre muchos autores se le atribuye al emperador francés, Napoleón Bonaparte, y que gana vigencia en el presente en medio de la emergencia mundial por el Covid-19, con políticos ayudando como en campaña electoral, un Gobierno negligente y una iglesia “poderosa” que influye para estar sobre la Constitución.

Y es que ayer, por instrucción del cardenal Óscar Andrés Rodríguez (foto) –vinculado por prensa italiana a casos de corrupción–, pidió al Gobierno que a través de la Fuerza Aérea se le prestara un helicóptero para una gira nacional con la virgen de Suyapa.

De acuerdo con la iglesia, surcar el cielo en helicóptero bendecirá a los hondureños, angustiados por la falta de preparación del régimen para atender los enfermos con un moderno sistema de salud, para abastecer alimentos durante el encierro, la suspensión o cancelación de sus contratos de trabajo, parar el cobro de alquileres e hipotecas de viviendas, dar un respiro en la miseria y la violencia vigentes aun con toques de queda.

Las Fuerzas Armadas accedieron a la petición de Rodríguez Maradiaga, desconociendo el Estado laico que manda la Carta Magna y, como consecuencia, la libertad de culto que garantiza la Constitución de la República para respetar las decenas de credos y religiones que hay en el país, aun así, empezó el vuelo por los cielos de Tegucigalpa, Choluteca y Danlí.

China, España, Italia y más recientemente Estados Unidos, “potencias mundiales”, no la han visto fácil para controlar el Covid-19, son ya decenas de miles las víctimas, y eso angustia aún más a los hondureños por el daño incalculable que pueda dejar la pandemia con sólo imaginar la abismal diferencia económica y desarrollo de la ciencia y de la tecnología entre unos y otros países.

La sociedad está abrumada y el escenario se presta para la carrera electoral y, además, para que resurja el fanatismo intolerante de la iglesia. Y es que han sido varios los líderes religiosos que basados en el “poder sobrenatural” de su fe, han menospreciado lo peligroso que el coronavirus puede ser en Honduras por su precario sistema de salud, ya perdió la batalla un pastor en Villanueva, Cortés.

En medio de protestas por hambre en varios puntos del país, la solución de Rodríguez Maradiaga es invertir en el vuelo de la virgen, hoy sobrevolaron por San Pedro Sula, El Progreso, La Ceiba, Trujillo y Juticalpa. Para mañana, el paseo será por los municipios de la zona oriental del país: Copán, Santa Bárbara, Gracias, La Esperanza y Comayagua.   

Mucho se ha comparado el coronavirus con la peste negra, que al final de la edad media (periodo comprendido entre el siglo V al XV) mató más de 100 millones de personas; esta pandemia en la antigüedad fue percibida como un “castigo” de Dios y provocó un repunte del obscurantismo y fanatismo religioso que usó a los judíos como “chivo expiatorio”, acusándoles de llevar la enfermedad a Europa.

En ese tiempo, en el campo cultural y artístico el poder religioso también se reflejó adquiriendo los bestiarios medievales, con los que se ilustraba a un pueblo fiel en su mayor parte analfabeto con el infierno que deparaba una vida sin piedad, un tono especialmente lúgubre, propio de un tiempo marcado por un hondo pesimismo, pensamiento aún arraigado en el pueblo hondureño.

Y teológicamente, los reformadores ganaron peso a la hora de defender que la Iglesia se estaba separando de su raíz evangélica, dejándose atraer muchos de sus principales representantes por el ansia de poder y riqueza. Pues para ese tiempo, muchos “consagrados” fueron enviados por Europa para asumir como autoridad, sin tener completa su formación, quedando a deber con su conducta moral. Así sometió España a los pueblos originarios de América, la creencia católica fue impuesta a los esclavos a punta de pólvora, balas, sangre y espada.

En el caso de Juan Hernández, sus creencias son un enigma, se le ha visto adorar a la virgen en la basílica de Suyapa, su gabinete de gobierno está muy relacionado con los evangelios y también ha rezado como judío en el muro de los lamentos en Israel.

Fuente:

El Libertador