Es un deber de honor rendir homenaje al Presidente mártir Salvador Allende en el 45 aniversario del golpe fascista contra el gobierno de la Unidad Popular en Chile.

Corresponde especialmente porque la trayectoria política de Allende –en radical y revolucionario ascenso– registra su participación, como jefe de la delegación unitaria, subrayo unitaria, del Frente de Acción Popular de Chile en la Conferencia Tricontinental de La Habana en 1966, lo que lo convierte en fundador de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL).

Es muy pertinente hacerlo porque la experiencia chilena encabezada por Allende es precursora en Nuestra América de un camino de disputa del gobierno por la vía electoral burguesa, y de disputa gradual del poder sobre la base de un programa trasformador de la propiedad –esencialmente de los recursos naturales y de la tierra– y de distribución de la riqueza en favor de los desposeídos; que se legitimará 27 años después, con la victoria electoral del Presidente Chávez en Venezuela en 1998, como un auténtico camino emancipador hacia la justicia, la soberanía y la integración continental.

Lo que en su momento constituyó un suceso político único en 1970, devino en regularidad en los umbrales del siglo XXI. El movimiento telúrico de signo revolucionario y progresista que ha vivido América Latina y el Caribe luego del triunfo electoral de Chávez, al cual siguieron sucesivas victorias progresistas en una decena de países es, probablemente, el mejor homenaje al Presidente mártir en relación con su concepción de lucha contra el neocolonialismo y el imperialismo.

Cuando a la oleada emancipatoria en ascenso en nuestra región se opone la brutal embestida del poder aún más concentrado y transnacionalizado de la oligarquía y el imperialismo, que no perdonan la rebeldía popular latinoamericana y caribeña frente a la perpetuidad de la desigualdad, la pobreza y las injusticias, es muy oportuno recordar a Allende y la experiencia de la Unidad Popular en Chile; porque nada se parece más al preámbulo de guerra no declarada y a aquel golpe fascista sangriento, que los métodos de Guerra No Convencional igualmente criminales que se aplican hoy contra la Revolución Bolivariana, la Nicaragua sandinista, o los golpes de nuevo tipo que han tenido lugar en Honduras, Paraguay y  Brasil, por solo mencionar algunos ejemplos de lo que constituye en el presente la ofensiva contrarrevolucionaria dirigida a derrotar, a barrer, los procesos progresistas nuestroamericanos.

Cuando nuestra lucha y resistencia requiere como nunca de la unidad de todos los sectores y de todos los actores que creemos en un futuro de dignidad, prosperidad y justicia para nuestros hijos, unidad que tiene que construirse sólidamente a escala nacional y continental alrededor de un programa común, es deber moral recordar el legado de un hombre que sin abandonar sus convicciones no pecó de sectarismos, e incluso asumió los riesgos que impone la solidaridad militante, que honró la palabra empeñada a su pueblo, que creyó en la verdad y en la bondad, que tuvo el valor de pagar con su vida propia el error de no concebir la traición.

Tal es la magnitud de su legado.

¡Gloria eterna al Presidente y compañero Salvador Allende!

*Palabras de la Secretaria General de la en el homenaje a Salvador Allende, celebrado en la sede de la OSPAAAL, el 20 de septiembre, con la participación de representantes políticos y diplomáticos de Chile, Colombia, Cuba, Guinea, Palestina, República Árabe Saharaui Democrática, Siria y Vietnam.

Allende, such is the magnitude of the legacy

Lourdes Cervantes*

It is an honorable duty to pay tribute to the martyr President Salvador Allende on the 45th anniversary of the fascist coup against the government of the Unidad Popular (Popular Unity) in Chile.

It is our task particularly because Allende’s political trajectory, in radical and revolutionary ascent, records his participation, as head of the unitary delegation (I underline, unitary) of the Frente de Acción Popular de Chile (Popular Action Front of Chile) to the Tricontinental Conference of Havana in 1966, which makes him a founder of the Organization of Solidarity of the Peoples of Africa, Asia and Latin America (OSPAAAL).

It is quite pertinent to do it because the Chilean experience headed by Allende is forerunner in Our America of a road of dispute of the government through the bourgeois elective method, and of gradual dispute of power on the base of a transforming program of property (essentially natural resources and the land) and of distribution of wealth in favor of the dispossessed. This experience was to be validated 27 years later, with the victory in elections of President Chávez in Venezuela in 1998, as an authentic emancipative road toward justice, sovereignty and continental integration.

What turned out to be a unique political event at the time in 1970, became a regularity in the threshold of the 21st century. The telluric movement of revolutionary and progressive sign experienced by Latin America and the Caribbean after Chávez’s electoral triumph, followed by successive progressive victories in around ten countries, is probably the best tribute to the martyr President with regard to his concept of struggle against neocolonialism and imperialism.

At a time when the emancipative wave in ascent in our region opposes the still more concentrated and transnational brutal attack of power of the oligarchy and imperialism (that do not forgive the popular Latin American and Caribbean rebelliousness in the face of the perpetuation of inequality, poverty and injustices), it is quite timely to recall Allende and the experience of the Unidad Popular in Chile. Nothing resembles more the preamble of undeclared war and that bloody fascist coup than the equally criminal methods of non-conventional war being put into practice today against the Bolivarian Revolution, the Sandinista Nicaragua, or the coups of a new kind that have taken place in Honduras, Paraguay, and Brazil, just to mention a few examples of what is presently the counterrevolutionary offensive aimed at defeating and sweeping away the progressive processes of Our America.

Now that our struggle and resistance require as never before the unity of all sectors and actors that, like us, believe in a future of dignity, prosperity and justice for our children (a unity that has to be constructed solidly at national and continental scale around a common program), it is a moral duty to recall the legacy of a man who, without abandoning his convictions, did not indulge in sectarianism and even assumed the risks derived by his militant solidarity, who honored the word committed to his people, who believed in truth and kindness, who had the courage to pay with his own life the mistake of not conceiving treason.

Such is the magnitude of his legacy.

Eternal glory to President and comrade Salvador Allende!

*Words in tribute to Salvador Allende by the Secretary General of OSPAAAL, at the venue of the organization on September 20, 2018, with participation of political representatives and diplomats from Chile, Colombia, Cuba, Guinea, Palestine, Democratic Saharaui Arab Republic, Syria, and Vietnam

 

Allende, 45 años

Por Alex Soza Orellana*

Septiembre sigue siendo para mí, mes de fiestas, de victorias, de traiciones, de crímenes, de héroes, de sacrificio, de esperanzas, de historia y memoria viva; que en todo sus contenidos, aciertos y errores, enrumban necesariamente a compromisos para un futuro mejor.

Resalta sobremanera en este mes la figura de nuestro presidente Salvador Allende, que un 4 de septiembre y por cuarta vez asumía la responsabilidad de ser el candidato a la presidencia de la República por una coalición unitaria de partidos y organizaciones políticas llamada Unidad Popular. Continuidad, si se quiere, de otras instancias y con el mismo protagonista: Frente del Pueblo y Frente de Acción Popular.

En cada uno de esos momentos históricos la candidatura de Salvador Allende era respaldada por un programa popular, antimperialista y antioligárquico, donde primaban medidas y acciones de justicia social, de bienestar y prosperidad para la mayoría de los chilenos, fundamentalmente para la clase trabajadora. Un programa que era la base de la unidad, resumen colectivo de años de lucha del movimiento social y popular del pueblo chileno. Así resulta entonces que el 4 de septiembre de 1970, hace 48 años, el Doctor Salvador Allende triunfaba en las urnas por un estrecho margen, contra el candidato derechista Jorge Alessandri y Radomiro Tomic del Partido Demócrata Cristiano.

El triunfo  de 1970 y el proceso revolucionario encabezado por Salvador Allende no hubieran sido posibles sin el desarrollo previo de un poderoso movimiento popular, resultado de años de empeños para construir una unidad de las fuerzas políticas de izquierda, movimientos sociales y organizaciones progresistas; pero en el que fue determinante la unidad comunista-socialista, fuerzas que representaban lo más aguerrido y consciente de la clase obrera chilena; y por supuesto la tenaz y consecuente presencia de Salvador Allende.

Nosotros, los comunistas chilenos, somos allendistas y hacemos nuestro el legado y mandato de su obra. Allende durante esos últimos 20 años ejerció un claro liderazgo, con una indoblegable consecuencia, siempre fiel a sus ideas, que lo llevaron en más de una ocasión a discrepancias en su propio partido. Fue un constructor de movimientos sociales. Siempre reiteraba que el cambio revolucionario es una necesidad para llevar adelante las demandas del movimiento social, del pueblo de Chile, y para ello era esencial una alianza política amplia.

Si revisamos la historia del Partido Comunista de Chile, se puede constatar la vocación unitaria de nuestra organización. La historia de nuestro partido es historia de grandes alianzas populares, amplias, para conseguir avanzar en la construcción de una sociedad profundamente democrática y justa para todos, dan fe de ello el Frente Popular, la Alianza Democrática, el Frente del Pueblo, el Frente de Acción Popular y la Unidad Popular. Después del 11 de septiembre se mantiene esa política, con el Frente Antifascista y otras instancias en la que participamos en tiempos de dictadura y en los gobiernos concertacionistas.

En ese andar, acompañamos a Salvador Allende desde 1952, cuando aún estábamos en la ilegalidad. Un Allende que no tenía el total apoyo de su partido, que en ese momento de dividió y un segmento “populista” apoyó a Carlos Ibáñez del Campo, que fue el electo. Entonces Allende alcanzó solo el cuarto y último lugar con unos 52 mil votos. Fue una campaña intensa y agotadora, recorrió todo el país, acompañado de nuestro camarada Elías Lafferte con el lema “El pueblo a la victoria con Allende”. No se logró la victoria, no era probable alcanzarla, pero se sembró la semilla con las consignas de: Por el pan y la libertad, Por el trabajo y la salud, Por la paz y la cultura contra el imperialismo, Por la reforma agraria y la industrialización del país, Por la democracia, contra la oligarquía y las dictaduras, que reflejaban los cuatro pilares fundamentales de su programa: independencia económica y comercio exterior, desarrollo de la economía interna, profunda reforma agraria, y mejora de las condiciones de vida de las clases populares.

Esa semilla rindió frutos después de cuatro septiembres y dio paso a la posibilidad real de llevar adelante el cambio revolucionario en beneficio de la mayoría del pueblo chileno. La tarea no se vislumbraba fácil a la luz de los hechos que se fueron dando antes y después de ese 4 de septiembre. Nuestro presidente Allende afirmaba en aquella madrugada victoriosa “si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria”.

Realmente el gobierno de Salvador Allende, que duró aproximadamente mil días, fue el periodo histórico más democrático de Chile. Se llevaron adelante importantes transformaciones como la nacionalización del cobre y la reforma agraria, entre muchos otros avances. Naturalmente, provocó desde sus inicios una reacción de los imperialistas, de transnacionales, de los intereses de las fuerzas oligárquicas nacionales, de los sectores de la derecha, incluidos algunos sectores de la Democracia Cristiana.

El triunfo y sus perspectivas llamaron la atención a nivel internacional, tanto en el campo socialista y países progresistas, como en el capitalista. Fue un hecho único, por primera vez ocurría que un socialista-marxista llegaba al gobierno, no vamos a decir a poder, por una vía electoral y se planteaba la construcción del socialismo por una vía no armada, tampoco vamos a decir no violenta. De los primeros, concitó simpatía y solidaridad, la necesidad de estudiar y estar al tanto de tal proceso. Los segundos, muy por el contrario, percibieron el peligro del proyecto que se iniciaba.

Mucho antes de aquel 4 de septiembre, Allende estaba en la mira de los “vigilantes” del imperialismo, comenzaron a llevar a la práctica con mayor descaro planes para obstaculizar el camino del gobierno de la Unidad Popular. Son conocidos el desabastecimiento, el boicot bancario y la fuga de dinero. Los atentados y sabotajes terroristas, la guerra mediática y psicológica, y la violencia provocados por organizaciones de derecha financiadas por multinacionales norteamericanas. El propio gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, con sus instituciones: la CIA, el FBI, el Pentágono y otras, propició la creación de comandos paramilitares, desestabilizar justificar una intervención de la Fuerzas Armadas. Resaltan entre las manifestaciones más reaccionarias, la marcha de las cacerolas en diciembre de 1971, muy violenta y agresiva; el paro de los camioneros en octubre de 1972; la huelga de los mineros de El Teniente por demandas salariales; los asesinatos del General Schneider, del ex ministro Perez Zujovic, del Edecán Naval de Allende el Comandante Arturo Araya. No faltaron las acusaciones al Presidente Allende y a algunos ministros por parte de la Cámara de Diputados por conducta en permanente de violación constitucional. Cuántas coincidencias!

A un escenario tan hostil se sumaron, lamentablemente, los problemas de la unidad dentro de la Unidad Popular. Todo marchó bien hasta que empezaron las críticas al programa, la dispersión de las fuerzas políticas, el sectarismo, las intenciones de acelerar el proceso, las tomas de fundos, pequeñas empresas que no estaban previstas en el programa, hecho que hizo distanciar a importantes sectores de la clase media. Equivocada identificación o comprensión acerca de dónde estaba el enemigo principal.

Mucho más significativo fue que realmente el pueblo, los trabajadores, los campesinos y otros sectores que heroicamente se empeñaban en llevar adelante el programa popular, concentrados en la solución de graves problemas, no vislumbraron una forma real y concreta de defender al gobierno, de defender las conquistas. Allende tenía mucha confianza en el papel constitucional y democrático de las Fuerzas Armadas y es una conclusión valedera decir que independientemente de todas las acciones de los detractores del gobierno popular y de Salvador Allende, nacionales e internacionales, los partidos y el movimiento popular chileno no se prepararon para defender sus conquistas. Claro que hubo algunos empeños, pero no determinantes, no significativos, recursos mínimos que hubiesen terminado en una brutal, sangrienta e innecesaria matanza, cuando efectivamente se dio el golpe de Estado, cívico y militar, el 11 de septiembre de 1973, con sus nefastas consecuencias hace 45 años.

A la luz de las experiencias más actuales en nuestro continente latinoamericano, se hacen más comprensibles los hechos ocurridos en Chile durante el gobierno popular, el golpe del 11 de septiembre de 1973, y la dictadura militar. Tenemos mejores posibilidades de valorar altamente el ejemplo y el mandato de nuestro Presidente Salvador Allende, un sólido mandato ético, de consecuencia y lealtad a la palabra empeñada al pueblo chileno, y también un mandato de unidad que siempre esgrimió como esencial para llevar adelante los cambios revolucionarios.

Hoy más que nunca su ejemplo, su pensamiento, las experiencias de su gobierno, incluidas deficiencias y errores, son valiosos instrumentos para enfrentar la compleja situación en que se halla nuestra región, para confrontar al “gigante de las siete leguas” que nos está ganando la batalla con recicladas maniobras intervencionistas, mediáticas, con golpes judiciales, con golpes parlamentarios y con renovadas amenazas guerreristas.

En lo que respecta a Chile, tenemos nuevamente un gobierno de empresarios, de derecha neoliberal que naturalmente se pliega a la política del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, el resultado de una izquierda dividida. Por todo ello, y con la memoria viva de nuestro Presidente Allende, tenemos fe en que se superen las divergencias, las incomprensiones entre nuestras fuerzas de izquierda, partidos políticos, movimientos sociales y todas la organizaciones democráticas y antineoliberales; y en que logremos una unidad opositora al gobierno derechista para defender los logros alcanzados en educación, en Derechos Humanos, en seguridad social, en derechos de las mujeres, en el proceso hacia una nueva Constitución, para detener la arremetida neoliberal, la institucionalización de la impunidad que favorece a los encarcelados por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura.

Hacemos nuestras las reflexiones y conclusiones del último encuentro de partidos y organizaciones políticas de izquierda del Foro de Sao Paulo en La Habana, se hace necesariamente imperativa la unidad ante la ofensiva de la derecha en la región. Unidad de acción de nuestros pueblos, unidad de acción en nuestras propias realidades.

La unidad fue uno de los empeños más importantes del quehacer político nacional e internacional de Allende. En 1966, durante la Primera Conferencia Tricontinental señalaba: “es fuerte y poderoso el imperialismo pero, en conjunto, los pueblos oprimidos son mucho más fuertes que él y están en condiciones de vencerlo. De ahí el por qué valoramos nosotros, extraordinariamente, la lucha antiimperialista de todos los pueblos del mundo y la sentimos como nuestra”.  Y seguidamente afirmaba: “unidad basada en la lucha intransigente que lleva a la derrota a las fuerzas que obstaculizan el avance de los pueblos de Asia, África y América Latina hacia la democracia, el socialismo y la paz; unidad para pasar con decisión a la ofensiva y conquistar la independencia económica y la soberanía política de nuestros pueblos; unidad para darle al hombre la dignidad que hoy se le niega; unidad para terminar con el hambre, la enfermedad y la miseria moral y fisiológica; unidad para estructurar la nueva sociedad sin explotados y explotadores; unidad para construir el socialismo.”

La heroica batalla que libró nuestro presidente Allende en la Moneda nos conmina inevitablemente a continuar lo que inició. Su gobierno, el desarrollo y cumplimiento de su programa, sus ideas no se acabaron, se interrumpieron, y es inexcusable hacerlo, pero hacerlo mejor. Con inteligencia, con una cultura nueva, surgirán nuevos héroes, que como aquellos que trabajaron junto a él, que se sintieron protagonistas de su propia historia, que se sintieron dignos de su condición obrera, campesina e intelectual, y que estaban convencidos de que estaban haciendo historia y futuro. Los hombres nuevos serán capaces de romper los candados que impiden seguir por esas grandes alamedas que les ofrendó el Compañero Presidente.

Septiembre, septiembre sigue siendo también el mes de Salvador Allende.

*Representante del Partido Comunista de Chile en el Secretariado Ejecutivo de la OSPAAAL

 

 

Allende, 45 Years

Alex Soza Orellana*

For  me, September is still a month of celebrations, victories, treasons, crimes, heroes, sacrifice, hopes, history and living memory, contents, assets and errors, all of which point necessarily to a commitment for a better future.

The figure of our president Salvador Allende stands out extraordinarily in this month. On September 4 he was assuming for the fourth time the responsibility of being a candidate to the presidency of the Republic in representation of a united coalition of political parties and organizations called Unidad Popular (Popular Unity). This coalition could be considered a continuation of other moments under the same leadership: that of the Frente del Pueblo (People’s Front) and the Frente de Acción Popular (Front of Popular Action).

In each one of those historical moments, Salvador Allende’s candidacy was endorsed by a popular, anti-imperialist, and anti-oligarchic program containing mainly measures and actions of social justice, welfare and prosperity for the majority of Chileans, essentially for the working class. That program was the basis of the unity, the collective summary of years of struggle of the social and popular movement of the Chilean people. Thus, it turned out that on September 4, 1970, forty-eight years ago, Doctor Salvador Allende won the election by narrow margin against the rightist candidate Jorge Alessandri and Radomiro Tomic of the Christian Democrat Party.

The triumph of 1970 and the revolutionary process headed by Salvador Allende would not have been possible without the previous development of a powerful popular movement resulting from years of efforts to build a unity of the political forces of the left, social movements and progressive organizations. Determinant in this development were the communist-socialist unity in representation of the most daring and conscious part of Chile’s working class and, of course, the firm and consistent presence of Salvador Allende.

We, Chilean communists, are supporters of Allende and appropriate the legacy and mandate of his work. During those last 20 years, Allende exerted a clear leadership with indomitable coherence, always faithful to his ideas, which more than once led him to discrepancies inside his own party. He was a constructor of social movements. He always repeated that the revolutionary change is a need to carry on the demands of the social movement, of the people of Chile, and for that purpose it was essential to have a wide political alliance.

If we review the history of the Communist Party of Chile, we can verify the vocation for unity of our organization. The history of our party is the history of great popular and wide alliances to achieve advances in the construction of a profoundly democratic and just society for all, as evidenced by the Popular Front, the Alianza Democrática (Democratic Alliance), the Frente del Pueblo (People’s Front), the Frente de Acción Popular and the Unidad Popular (Popular Unity). After September 11, that policy was maintained with the Frente Antifascista (Anti-Fascist Front) and other organizations in which we participated during the times of dictatorship and the governments that followed it.

We accompanied Salvador Allende in those actions since 1952, when we were still underground. Allende did not enjoy full support from his party, which at that moment split into two factions and a “populist” segment supported Carlos Ibáñez del Campo, who was elected. Allende only reached the fourth (last) place with some 52 000 votes. It was an intense and exhausting campaign. He toured the entire country in the company of our comrade Elías Lafferte with the slogan “The people to victory with Allende”. Victory was not achieved; it was not probable that it would be achieved, but the seed was planted with the slogans “For bread and freedom”, “For work and health”, “For peace and culture against  imperialism”, “For the agrarian reform and the industrialization of the country”,“For democracy, against the oligarchy and the dictatorship”, which reflected the four main pillars of his program: economic independence and foreign trade, development of the domestic economy, profound agrarian reform, and improvement of the living conditions of the popular classes.

It took four September months for that seed to bear fruit, creating the real possibility of carrying ahead the revolutionary change in favor of the majority of the Chilean people. The task did not seem easy in the light of the events that occurred before and after that September 4th. Our president Allende stated on that victorious night: “Victory was not easy, and it will be difficult to consolidate our triumph and construct the new society, the new social coexistence, the new moral and the new fatherland.”

Indeed, the government term of Salvador Allende, which lasted approximately one thousand days, was the most democratic historical period of Chile. Important transformations such as the nationalization of copper and the agrarian reform, among many other advances, were carried out. Naturally, right at the start it aroused a reaction of the imperialists, of multinationals, of the interests of the national oligarchic forces, and of the rightist forces, including some sectors of the Christian Democracy.

The triumph and its perspectives drew international attention both in the socialist and progressive countries, and in capitalist countries. It was a unique event: for the first time a socialist-Marxist leader reached the government through elections (we won’t say ‘reached power’) and aimed at constructing socialism by a non-armed method (we will not say non-violent, either). In the first group of countries, he aroused sympathy and solidarity, the need to study and be aware of such a process. The second one, very much the opposite, perceived the danger of the project that was starting.

Long before that 4th of September, the “vigilants” of imperialism had set their eyes on Allende and begun to develop plans with greater shamelessness to hinder the road of the government of the Unidad Popular. Well-known are the shortage of food supplies, the banking boycott and the flight on currency. Criminal attempts and terrorist sabotages, a media and psychological war, and violence were provoked by rightist organizations financed by multinationals from the United States. The government of the United States of America itself, with its institutions CIA, FBI, the Pentagon and others, favored the creation of paramilitary commandos and the destabilization in order to justify an Armed Forces intervention. Among the most reactionary actions stand out the very violent and aggressive pot march in December, 1971; the truck driver standstill in October, 1972; the miners’ strike at El Teniente in demand of higher wages; the murders of general Schneider, of former minister Pérez Zujovic, and of Allende’s naval aide-de-camp, commander Arturo Araya. There were also accusations to president Allende and some ministers from the House of Representatives, of being in permanent violation of the Constitution. How many coincidences!

Unfortunately, the problems of the unity inside the Unidad Popular added to such a hostile scenario. Everything went well until the critics to the program began: the scattering of the political forces, sectarianism, the intentions to accelerate the process, the seizure of estates (small enterprises) that was not foreseen in the program, a fact that distanced important middle class sectors. There was a wrong identification or understanding of who the main enemy was.

Much more significant was the fact that the people, the workers, the peasants and other sectors heroically determined to carry out the popular program in order to solve earnest problems did not perceive a real and concrete way of defending the government and its conquests. Allende was very confident of the constitutional and democratic role of the Armed Forces, and it is a valid conclusion to say that, regardless of all the actions of the national and international detractors of the popular government and of Salvador Allende, the parties and the Chilean popular movement did not prepare themselves to defend their conquests. There were, of course, some attempts, but not determinant or significant; they were minimum efforts that would have ended in a brutal, bloody and unnecessary slaughter when the civic and military coup d’État was carried out with its fatal consequences on September 11, 1973, forty-five years ago.

The events in Chile during the popular government, the coup of September 11, 1973, and the military dictatorship become more understandable in the light of the most current experiences in our Latin American continent. We have better possibilities to highly valuate the example and mandate of our president Salvador Allende: a solid ethic, consistent, and loyal mandate to the word committed to the Chilean people and also a mandate of the unity he always considered essential to carry out the revolutionary changes.

Today more than ever his example, his thought, and the experiences of his government (including deficiencies and errors), are valuable instruments to face the complex situation in which our region is immersed, to face the “seven-league giant” that is winning the battle with recycled interventionist media maneuvers; judicial and parliamentary coups, and renewed warlike threats.

As regards Chile, again we have a government of neoliberal, rightist entrepreneurs that naturally yields to the USA government policy; it is the result of a divided left. For that reason and with the living memory of our president Allende, we have faith that the differences and misunderstandings among our leftist forces, political parties, social movements, and all the democratic and anti-neoliberal organizations will be overcome. We also have faith that we will attain unity to oppose the rightist government in order to defend the achievements in education, Human Rights, social security, women’s rights, and in the process toward a new Constitution, and stop the neoliberal onrush and institutionalization of impunity favoring those in prison for committing crimes against humanity during the dictatorship.

We share the reflections and conclusions of the most recent meeting of leftist parties and political organizations of the Sao Paulo Forum in Havana. The unity against the rightist offensive in the region becomes necessarily imperative: unity of action of our peoples, unity of action in our own realities.

Unity was one of the most important aims of Allende’s national and international political activity. In 1966, during the First Tricontinental Conference he pointed out: “Imperialism is strong and powerful but, as a whole, the oppressed peoples are much stronger and are in a position to defeat it. That is why we highly valuate the anti-imperialist struggle of all peoples of the world and feel it as our own”. And he went on to say: “Unity based on the unyielding struggle to defeat the forces hindering the advance of the peoples of Asia, Africa and Latin America toward democracy, socialism and peace; unity to move decidedly to the offensive and conquer economic independence and political sovereignty for our peoples; unity to grant human beings the dignity that today is denied to them; unity to end hunger, sickness and moral and physiological poverty; unity to structure the new society without exploited and exploiters; unity to build socialism.”

The heroic battle waged by our president Allende in La Moneda convokes us inevitably to continue what he started. His government, the development and fulfillment of his program, his ideas did not end; they were interrupted and they are to be fulfilled inexcusably, but better. With intelligence, with a new culture, new heroes will emerge like those who worked next to him, who felt they were being protagonists of their own history, worthy of their worker, peasant and intellectual condition, and convinced that they were making history and future. The new men will be capable of breaking the locks that prevent from following those great avenues opened by the comrade President.

September, September continues to be also the month of Salvador Allende.

Fuente: Portal Alba

Fuente:

Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América