La primera vuelta de la elección presidencial del pasado 27 de mayo, no deja duda sobre el momento actual que vive Colombia: nos debatimos entre fuerzas que buscan mantenernos atados a la guerra, la corrupción, la desigualdad social y la sujeción a intereses foráneos; y un abanico de sectores políticos y sociales, entre los que destacan los jóvenes, que emergen como fuerza promisoria, de un futuro posible de profundización democrática, ampliación de libertades, justicia social y ambiental, soberanía; y superación definitiva de todas las formas de violencia política, que han caracterizado nuestro devenir como nación.

Por primera vez en nuestra historia reciente, los resultados electorales muestran un incremento significativo de participación, lo que demuestra, entre otras cosas, que de manera imperceptible se han venido produciendo cambios en la forma de pensar y actuar políticamente, de numerosos sectores de la sociedad colombiana. Se hace inocultable la crisis de los partidos tradicionales y su forma de hacer política, basada en la corrupción, el fraude y la demagogia. Es evidente el agrietamiento del sistema político, que impera de espaldas a las necesidades de las grandes mayorías.

De lo anterior se desprende la posibilidad de un próximo gobierno de amplia convergencia social y política, que asuma el reto de consolidar la paz mediante la fiel implementación de los acuerdos firmados entre el Estado colombiano y las FARC-EP, dar continuidad a los diálogos con el ELN, hasta concluirlos exitosamente; y la búsqueda de una salida para el fenómeno paramilitar, dentro del marco judicial vigente, como se ha venido proponiendo; todo lo cual sería la base del gran acuerdo nacional que saque definitivamente las armas y la violencia del ejercicio de la política.

Un gobierno que unifique la nación en torno a los objetivos de la democratización; y que además asuma las tareas pendientes del desarrollo y la modernización de Colombia, con todo lo que esto implica a nivel económico, político y social.

Esta tarea histórica demanda sobre todo grandeza, de parte de quienes tienen sobre sus hombros la responsabilidad de tomar las decisiones que permitan cristalizar esa gran convergencia, que abarque el amplio espectro de fuerzas sociales y políticas, que el 27 de mayo se expresaron claramente por un camino distinto al que ofrecen los sectores que se empeñan en mantenernos atados al pasado.

En ese propósito, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común está dispuesta a dar su aporte, materializado en los miles de hombres y mujeres que, con el mismo empeño y entusiasmo, con que hemos enfrentado los retos de la construcción de la paz, estaremos dispuestos a trabajar para que se haga realidad el anhelo de una Colombia soberana, moderna, en paz, con equidad y verdadera democracia.

Mayo 30 de 2018

Consejo Político Nacional, Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común

FARC

Fuente:

FARC